Re-conocer la Educa-acción: inclusión y talento
Cita de Alejandra Cortés en 28/02/2019, 16:44Sirva este juego de palabras para aludir a la esencia de este artículo, esto es, el valor (como cualidad, relevancia y valentía) que entraña (como responsabilidad y afecto) re-conocer la educación. Como suelo decir reconocer es un verbo esencial para educar desde la igualdad, la equidad, la inclusión y el talento educativo. Tanta significatividad posee la palabra reconocer que se escribe igual al derecho que al revés, y cuando reconoces a una persona o a un proyecto, le estás distinguiendo por una serie de características relevantes. Así, yo reconozco a la educación toda su aportación a la sociedad, ya que ésta avanza y progresa cuanto más se le da la notoriedad que se merece. La esencia es el cómo se materializa esta realidad. La educación no puede ser una palabra transversal o comodín, porque si no es hueca y antagónica a las competencias de saber, libertad y crítica constructiva intrínsecas que buscan “sacar” lo mejor o ese educere, término potente del latín en la que el aprendizaje mediado e independiente es el protagonista. Educere, educación, requiere de planteamientos tangibles en compromiso personal, social, político y económico. En este sentido propongo aspectos claves que iré desarrollando en otros artículos, siendo éste el primero, que es más general, y en el que iré presentando lo que luego quiero desarrollar con más profundidad en publicaciones sucesivas.
El primero es creer y crear desde los cuatro saberes: saber, saber hacer, saber ser y saber estar. Son los cuatro pilares de la educación como los edificó Jaques Delors y que luego mi compañero y amigo, el Profesor Catedrático, Benito Echeverría, ha agrupado en competencias del saber y del sabor. El saber agrupa cuestiones más técnicas de la profesión (por ejemplo, la mecánica que arregla un coche) y sabor como las referidas a habilidades sociales, emocionales, funcionales, personales, etc. (la misma mecánica que es amable mientras atiende al cliente), siendo la conjunción de ambas las que soportan, jugando con la metáfora de las columnas, la educación. Desde luego tengo claro que en mis equipos de trabajo (y de vida) quiero personas con estos cuatro saberes, porque construyen sinergias. Si se desarrollan personas desde este prisma, entiendo que se ha de dar posibilidades de alcanzarlo a todas por igual (con las mismas oportunidades) y desarrollando talentos particulares de forma equitativa (con diferentes propuestas ajustadas a esos talentos). Y ese es el segundo aspecto primordial: una educación hacia el talento educativo desde la igualdad en oportunidades. Y desde aquí invito a la reflexión de esta pregunta: ¿y si no hablamos tanto de asignaturas y sí de qué competencias aprendemos para lograr esa educación? Al final vivimos con competencias, nos contratan por ellas, tenemos éxito por cómo las desarrollamos, etc. Recordemos ese saber y sabor imprescindibles para construir desde la solidez, la calidad y la calidez.
Por eso, apuesto por el cuidado de la educación (familiar, salud, otros círculos sociales, etc.) que fomente más cobertura en la edad de 0 a 3 años para equilibrar posibles diferencias sociales. Y si comenzamos a hacernos personas a tan temprana edad, no olvidemos que la formación es para siempre, es decir, estamos en una sociedad del aprendizaje a lo largo de la vida. Comparto la idea de que ahora no sólo hemos hablar de TIC (Tecnologías de la Información y de la Comunicación), sino de TAC (Tecnologías del Aprendizaje y de la Comunicación), poniendo énfasis en esa capacidad del ser humano de construir y deconstruir conocimientos constantemente y en todos los niveles (infantil a formación permanente, ocupacional, etc.) , ámbitos (rural y urbano) y áreas (humanidades, artes, empresariales, sociales, jurídicas, política, ingeniería, ciencias puras, biosalud, etc).
Así bien, ¿qué grandes eslóganes han de marcar la acción educativa además de los que aquí he declarado?: a) “Innovación y convivencia han de ir de la mano”, b) “La formación docente ha de ser piedra angular” valorando adecuadamente al que entra en la carrera docente, una formación más práctica unida a lo científico y unas pruebas de acceso a la vida profesional acordes con lo que la sociedad educativa demanda, c) “Somos Formación Profesional” como me decía el otro día una alumna en la clase de la Facultad, d) “La orientación hacia el desarrollo personal y profesional”, ya que no olvidemos que la creación de empleo va íntimamente ligada a una educación potente, y e) “La educación inspira e ilusiona” y para ello hemos de crear espacios creativos, metodologías de enseñanza y aprendizaje colaborativas y profundas, así como de una evaluación que parta de ese dar lo mejor para tener personas que re-conozcan educación por todos los poros de su piel y así pongamos medios para, por ejemplo, el abandono o el desinterés educativo. El sentimiento de orgullo es uno de los más que más empoderan y por ello hemos de ir todos de la mano para estar orgullosos de la educación.
Todo ello y más nos lleva a la educ-acción, que ojalá un día en gran medida se materialice en un pacto por la educación. Sería realmente un win-win, un ganar-ganar educativo, en el que todos sumamos invirtiendo en el presente para ganar en el futuro, porque creo en las personas. Creo en la educación. Te invito a seguir recorriendo (o incluso crear) #CaminosEducativos en este blog.
Sirva este juego de palabras para aludir a la esencia de este artículo, esto es, el valor (como cualidad, relevancia y valentía) que entraña (como responsabilidad y afecto) re-conocer la educación. Como suelo decir reconocer es un verbo esencial para educar desde la igualdad, la equidad, la inclusión y el talento educativo. Tanta significatividad posee la palabra reconocer que se escribe igual al derecho que al revés, y cuando reconoces a una persona o a un proyecto, le estás distinguiendo por una serie de características relevantes. Así, yo reconozco a la educación toda su aportación a la sociedad, ya que ésta avanza y progresa cuanto más se le da la notoriedad que se merece. La esencia es el cómo se materializa esta realidad. La educación no puede ser una palabra transversal o comodín, porque si no es hueca y antagónica a las competencias de saber, libertad y crítica constructiva intrínsecas que buscan “sacar” lo mejor o ese educere, término potente del latín en la que el aprendizaje mediado e independiente es el protagonista. Educere, educación, requiere de planteamientos tangibles en compromiso personal, social, político y económico. En este sentido propongo aspectos claves que iré desarrollando en otros artículos, siendo éste el primero, que es más general, y en el que iré presentando lo que luego quiero desarrollar con más profundidad en publicaciones sucesivas.
El primero es creer y crear desde los cuatro saberes: saber, saber hacer, saber ser y saber estar. Son los cuatro pilares de la educación como los edificó Jaques Delors y que luego mi compañero y amigo, el Profesor Catedrático, Benito Echeverría, ha agrupado en competencias del saber y del sabor. El saber agrupa cuestiones más técnicas de la profesión (por ejemplo, la mecánica que arregla un coche) y sabor como las referidas a habilidades sociales, emocionales, funcionales, personales, etc. (la misma mecánica que es amable mientras atiende al cliente), siendo la conjunción de ambas las que soportan, jugando con la metáfora de las columnas, la educación. Desde luego tengo claro que en mis equipos de trabajo (y de vida) quiero personas con estos cuatro saberes, porque construyen sinergias. Si se desarrollan personas desde este prisma, entiendo que se ha de dar posibilidades de alcanzarlo a todas por igual (con las mismas oportunidades) y desarrollando talentos particulares de forma equitativa (con diferentes propuestas ajustadas a esos talentos). Y ese es el segundo aspecto primordial: una educación hacia el talento educativo desde la igualdad en oportunidades. Y desde aquí invito a la reflexión de esta pregunta: ¿y si no hablamos tanto de asignaturas y sí de qué competencias aprendemos para lograr esa educación? Al final vivimos con competencias, nos contratan por ellas, tenemos éxito por cómo las desarrollamos, etc. Recordemos ese saber y sabor imprescindibles para construir desde la solidez, la calidad y la calidez.
Por eso, apuesto por el cuidado de la educación (familiar, salud, otros círculos sociales, etc.) que fomente más cobertura en la edad de 0 a 3 años para equilibrar posibles diferencias sociales. Y si comenzamos a hacernos personas a tan temprana edad, no olvidemos que la formación es para siempre, es decir, estamos en una sociedad del aprendizaje a lo largo de la vida. Comparto la idea de que ahora no sólo hemos hablar de TIC (Tecnologías de la Información y de la Comunicación), sino de TAC (Tecnologías del Aprendizaje y de la Comunicación), poniendo énfasis en esa capacidad del ser humano de construir y deconstruir conocimientos constantemente y en todos los niveles (infantil a formación permanente, ocupacional, etc.) , ámbitos (rural y urbano) y áreas (humanidades, artes, empresariales, sociales, jurídicas, política, ingeniería, ciencias puras, biosalud, etc).
Así bien, ¿qué grandes eslóganes han de marcar la acción educativa además de los que aquí he declarado?: a) “Innovación y convivencia han de ir de la mano”, b) “La formación docente ha de ser piedra angular” valorando adecuadamente al que entra en la carrera docente, una formación más práctica unida a lo científico y unas pruebas de acceso a la vida profesional acordes con lo que la sociedad educativa demanda, c) “Somos Formación Profesional” como me decía el otro día una alumna en la clase de la Facultad, d) “La orientación hacia el desarrollo personal y profesional”, ya que no olvidemos que la creación de empleo va íntimamente ligada a una educación potente, y e) “La educación inspira e ilusiona” y para ello hemos de crear espacios creativos, metodologías de enseñanza y aprendizaje colaborativas y profundas, así como de una evaluación que parta de ese dar lo mejor para tener personas que re-conozcan educación por todos los poros de su piel y así pongamos medios para, por ejemplo, el abandono o el desinterés educativo. El sentimiento de orgullo es uno de los más que más empoderan y por ello hemos de ir todos de la mano para estar orgullosos de la educación.
Todo ello y más nos lleva a la educ-acción, que ojalá un día en gran medida se materialice en un pacto por la educación. Sería realmente un win-win, un ganar-ganar educativo, en el que todos sumamos invirtiendo en el presente para ganar en el futuro, porque creo en las personas. Creo en la educación. Te invito a seguir recorriendo (o incluso crear) #CaminosEducativos en este blog.
